Joy: Convencional pero valiente historia de superación

La película Joy es una obra enfocada principalmente en mostrar de que el esfuerzo es la clave para lograr cualquier meta, aunque existan muchas dificultades para alcanzarlo. Aún con ese positivo mensaje, tiene una estructura que peca de lo convencional, predecible e incluso cansado para su duración, la cual pudo haberse reducido en tiempo sin perder su esencia.

Jennifer Lawrence nos tiene acostumbrado a cautivarnos con su encanto, temple y dedicación que imprime en cada mujer que interpreta, y en este caso no es la excepción. Sin embargo, hay muchos momentos en donde claramente es visible cómo la dirección del filme se encaminó expresamente para hacer destallar sus talentos actorales, dejando en segundo o tercer plano a los personajes secundarios e incluso sacrificando un desarrollo más interesante de la historia.

Explicando un poco su trama, la película envuelve la vida de Joy Mangano, quien es una mujer joven y madre de dos hijos pequeños en Long Island que tiene que asumir, literalmente, todo el cargo de una casa donde viven sus padres, sobre todo la carga de su papá que ya tiene años separado de su madre, pero que parece no importarle si su presencia se le hace incómoda a su hija. De hecho, en toda la familia, se asume que Joy debe resolver los problemas de los demás, sin poner mente lo que ella tenga que soportar.

Con un ex esposo que está desligado de responsabilidades por querer “dedicarse a la música”, la vida de Joy no es lo que ella soñaba cuando era una niña soñadora, alimentada por los buenos consejos de su “Mimi”, abuela que siempre la apoyó en sus ideas y proyectos innovadores, talento nato que nunca logró evolucionar por la separación de sus padres y el hecho de no haber tenido una oportunidad real para elegir un camino en su vida, sino que tuvo que quedarse para ser lo más útil posible por el bienestar de su familia.

Es tanto el cambio que sufrió, que ella se convirtió en una mujer escondida de los demás y de ella misma, viviendo una vida cómoda para sus seres queridos pero lejos de llenarle de satisfacción personal.
Es entonces, que en una aventura de su padre por conseguir una nueva pareja luego de separarse de su anterior compañera de vida, que circunstancialmente se le prende la bujía que tenía fundida desde hace muchos años atrás, y crea un nuevo invento revolucionario para salvar su situación financiera, la cual de por sí era realmente deplorable para toda la familia. Joy inventa entonces un lampazo que no hay necesidad de estarlo escurriendo a cada rato, sino que absorbe mucho más líquido y no hay que ensuciarse las manos (el filme intenta varias veces explicar el funcionamiento de este aparato). De ahí emprende un viaje para encontrarse nuevamente a ella misma, esa niña precoz que quería saber que hay más allá, enfrentando sin temor cualquier reto que el destino le pusiera en frente.

Así y con tropiezos durante el trayecto, entra al cruel mundo de los negocios, en donde si uno no es “vivo” te comen.
La mujer aprende, sufre los embates de ser aminorada como una simple ama de casa y no conocer de finanzas, hasta llegar a convertirse en una verdadera mujer empoderada, segura de lo que ha creado con su esmero. Todo ello gracias a la persistencia de creer en ella misma, ya que en varias ocasiones la misma familia le daba la espalda.
Escribiéndolo y describiéndolo de esta manera, esta película suena motivadora de muchos sentimientos y apego a esta personaje interpretado por Lawrence, pero la verdad no lo es tanto, o al menos no tan impactante o enternecedor a como se pudiera esperar de este director David O. Russell, con quien ya Jennifer ha trabajado en dos ocasiones anteriores.
El ritmo que lleva esta obra es realmente fascinante y altamente cómico en sus primeros 20-30 minutos, donde logra apreciarse a un Robert DeNiro con ese sentido del humor que viene probando desde hace tiempo y que simplemente es genial. Así mismo Isabella Rosselini a pesar del poco tiempo en pantalla convence como esta mujer adinerada y práctica, mostrándonos retazos de sus grandes actuaciones en otros tiempos.

El problema real es que su estructura se va deteriorando a medida que va avanzando, porque aunque las vicisitudes y situaciones que envuelvan a esta familia vayan ganando dramatismo, motivo suficiente para encariñarse con Joy, de momento se vuelve tedioso, repetitivo y cansado, en el sentido que la fórmula pierde gracia ya cuando se pudo ver en una o dos ocasiones anteriores dentro del mismo filme. Es cierto que está basado en una historia real, pero un director siempre tiene la visión para acomodar, resaltar o incluso cambiar partes de la verdad por algo de ficción que atraiga y sea funcional para su guión, pero aquí pareciera que se estiró en ciertas partes para justificar una larga duración.

Se nota mucho esos “estiramientos” con momentos cliché para justificar, a veces, sobreactuación de Jennifer Lawrence, como si fuese una manera de exhibirla en pedestal para las ceremonias de premios de cine. La segunda parte del filme tiene también momentos brillantes y divertidos, pero nunca alcanza el nivel que se tuvo en la introducción.

Esto no quita que la película sea una experiencia muy agradable por saber destacar el rol de la mujer y el poder de convencimiento de sus capacidades, sirviendo de ejemplo para impulsar a personas emprendendoras a trabajar por sus sueños y sufrir por cumplirlos, tal como en un cuento de hadas, aspecto fantasioso que la misma cinta ocupa para englobar en conjunto con una magistral selección musical, esta historia que aporta más a esta nueva faceta de la sociedad en donde las mujeres poco a poco van reclamando sus derechos y son reconocidas por su talento y brillo intelectual, algo que solamente debe seguir creciendo cada día más.

Rafael Lechado Cruz