James Wan desaprovecha la historia verdadera de El Conjuro 2

 

 

 

Opinion: Reynaldo Ruiz

Este pasado fin de semana me fui a ver una de las películas más esperadas de terror del año, de mano de James Wan llega la secuela de “Expediente Warren” (El Conjuro, 2013), es decir “El caso Enfield”(El Conjuro 2, 2016).

 

La sala esta completamente llena en su mayoría de gente muy joven, no se porque pero en su mayoría mujeres, a mi humilde opinión son las que más disfrutan de este genero, me esperaba salir sordo de alaridos, gritos y con el corazón en la boca de sobre salto, bueno siendo sincero sólo me esperaba que el director superara la primera entrega.

 

La historia inicia unos años después del caso de Amityville, la pareja de los Warren son ahora conocidos por sus investigaciones, Lorraine empieza a tener visiones con un demonio vestido de monja y la relación de este con la muerte de su esposo dentro de las mismas visiones. La verdad que pasado más de una hora del metraje, este que les escribe y el publico lleva este tiempo gozando y riendo de los desafortunados momentos que sufre la familia Hogdson, sí así como leen.

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Al parecer el director a retrocedido en todo lo que había alcanzado en su carrera siendo esta prometedora en el genero, en donde con tan poco presupuesto, juegos de sombras, luces y filtros había logrado realizar tensión y sobre todo terror en sus entregas, pero en esta ocasión en donde contaba con un alto presupuesto capaz de hacer y deshacer a su antojo con el juego de cámaras, secuencia y el uso de la tecnología (para mi gusto muy obsesiva) , perdió así lo interesante de la historia y apostó a cosas innecesarias. Algo también en lo que podemos notar un fallo del director son los hechos en los que se suponen puedan causar terror o susto, en donde la audiencia ya está preparada mentalmente para anteponerse a lo que se viene.

 

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Lo rescatable de la película es la pequeña niña de catorce años, Madison Wolfe, caracterizando a la joven de los hechos paranormales, tomando el papel con gran madurez y robandose el show con naturalidad. El reparto lo completan Patrick Wilson y Vera Farmiga que retoman los roles de pareja investigativa aunque estos ya no presentan la misma química que en la primera parte, se suman a estos Frances O’Connor y Simon McBurney. La producción escénica es perfecta, en donde podemos notar a un Londres de finales de los años setenta y una cuidadosa arquitectura muy al estilo de Stanley Kubrick.

 

En definición la sobreproducción dejo a un lado el cine orgánico que Wan venia logrando, haciendo de la historia original un desaprovechamiento total, clichosa, fallida y sin sentido, saliendo de la historia central de los acontecimientos de la familia y moviéndose al demonio vestido de monja que atormentaba a la pareja, ya se habla de una tercera entrega muy a lo Rápido y Furioso. La verdad lo que más terror me dio fue la inmensa fila que desfilaba por el centro de compras para poder ver la cinta “Buscando A Dory”.

 

Reynaldo Ruiz.